Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Y todos nosotros, incluido el joven rústico, nos sentamos a la mesa. Un austero silencio predominó mientras tomábamos nuestra comida.
Pensé que, ya que yo habÃa sido la causa del nublado, tenÃa que hacer un esfuerzo por disiparlo. No podÃa ser que todos los dÃas estuvieran tan adustos y taciturnos, y era imposible, por muy mal genio que tuvieran, que las malas caras que todos ponÃan fueran su semblante cotidiano.
—Es curioso —comencé en el intervalo entre terminar una taza y recibir otra—, es curioso cómo la costumbre puede moldear nuestros gustos y nuestras ideas. Muchos no podrÃan imaginar que existiera felicidad en una vida tan apartada del mundo como la que usted lleva, señor Heathcliff. Sin embargo, me atreverÃa a decir que rodeado de su familia, y con su amable señora como ángel tutelar de su hogar y de su corazón…
—¡Mi amable señora! —interrumpió con una expresión de sarcasmo casi diabólica en el rostro—. ¿Dónde está ella… mi amable señora?
—La señora Heathcliff, su esposa, quiero decir.
—Bueno, sÃ… Oh, usted quiere dar a entender que su espÃritu ha ocupado el puesto de ángel tutelar y custodia los bienes de Cumbres Borrascosas, aun cuando su cuerpo haya desaparecido. ¿No es eso?