Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Ésta es de pavo —murmuró para s×, y ésta de pato salvaje y ésta de paloma… ¡Ah, ponen plumas de paloma en las almohadas… no es extraño que no me haya muerto! Tendré que acordarme de tirarla al suelo cuando me acueste. Aquà hay una de perdiz y esta —la reconocerÃa entre miles de avefrÃa. Bonito pájaro, revoloteando sobre nuestras cabezas en medio del páramo. QuerÃa irse a su nido, porque las nubes tocaban las alturas y sentÃa venir la lluvia. Esta pluma se cogió en el brezo, al pájaro no le dispararon, vimos el nido en el invierno lleno de esqueletos pequeñitos. Heathcliff habÃa puesto allà una trampa y los viejos no se atrevieron a ir. Le hice prometer que nunca matarÃa un avefrÃa después de eso, y lo cumplió. SÃ, aquà hay más, ¿mató a mis avefrÃas, Nelly? ¿Tiene sangre alguna de ellas? Déjame ver.
—¡Deje ese juego infantil! —la interrumpÃ, quitándole la almohada y volviendo los agujeros hacia el colchón porque estaba sacando su contenido a puñados—. Acuéstese y cierre los ojos. Está usted delirando. ¡Qué desorden! El plumón vuela como si fuera nieve.
Me puse a recogerlo de un lado para otro.