Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Crees que casi me ha olvidado? —intervino él—. ¡Oh, Nelly! ¡Tú sabes que no! ¡Tú sabes tan bien como yo, que por cada pensamiento que le dedica a Linton, me dedica mil a mÃ! En la época más desgraciada de mi vida tuve una idea de ese tipo. Me asediaba el verano pasado cuando volvà al vecindario, pero sólo si ella me lo asegurara podrÃa admitir de nuevo esa horrible idea. Entonces Linton no serÃa nada, ni Hindley, ni ninguno de los sueños que tuve alguna vez. Dos palabras abarcarÃan mi futuro: muerte e infierno. La existencia después de perderla a ella serÃa un infierno. Pero fui un loco al imaginarme por un momento que ella valoraba el cariño de Edgar Linton más que el mÃo. Aunque él la amara con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amarÃa en ochenta años tanto como yo en un dÃa. Y Catherine tiene un corazón tan profundo como el mÃo: tan fácil serÃa meter el mar en aquel cubo como que todo el cariño de Catherine fuera monopolizado por él. ¡Bah! Apenas es más amado por ella que su perro, o su caballo. No está en su poder que le ame como a mÃ. ¿Cómo puede amar en él lo que no tiene?
—Catherine y Edgar se quieren como cualquier pareja se puede querer —gritó Isabella con repentina vivacidad—. ¡Nadie tiene derecho a hablar de esta manera y no voy a escuchar en silencio que se desprecie a mi hermano!