Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Subà corriendo y me asomé, por pura fórmula, al cuarto de Isabella, confirmando a mi vuelta, lo afirmado por la criada. El señor Linton habÃa vuelto a su asiento junto a la cama. Al volver a entrar yo, levantó los ojos, leyó el significado en mi aspecto inexpresivo, y los bajó de nuevo, sin dar una orden, ni decir palabra.
—¿Vamos a tomar medidas para alcanzarles y hacerles volver? —pregunté—. ¿Qué haremos?
—Se fue porque quiso —respondió el amo—. TenÃa derecho a irse si querÃa. No me moleste más con ella. De ahora en adelante es mi hermana sólo de nombre, no porque yo haya renegado de ella, sino porque ella ha renegado de mÃ.
Y esto fue todo lo que dijo del asunto. No hizo ni una pregunta más, ni la mencionó para nada, excepto para ordenarme que le mandara todo lo que hubiera suyo en la casa a su nuevo hogar, donde quiera que fuese, cuando lo supiera.