Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Bien, señor Earnshaw —gritó—, me pregunto qué va a hacer a continuación. ¿Es que vamos a asesinar a la gente a la puerta misma de nuestra casa? Ya veo que esta casa nunca me va a convenir… ¡miren al pobre hombre, está casi ahogándose! ¡Silencio, silencio! No puede seguir asÃ, entre y le curaré; y ahora estese quieto.
Con estas palabras me echó por la nuca un jarro de agua helada y me metió en la cocina. El señor Heathcliff nos siguió, quedando su accidental alegrÃa rápidamente sumida en su adustez habitual.
Me encontraba muy mal, mareado y débil, lo que me obligó, por fuerza, a aceptar alojamiento bajo su techo. Le dijo a Zillah que me diera un vaso de brandy, y pasó a la habitación de dentro. Ella, al tiempo que se condolÃa conmigo de mi lamentable estado y una vez obedecidas sus órdenes, con lo que me animé un poco, me llevó a la cama.