Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Linton se volvió a hundir en la almohada y se quedó ensimismado.
—No iré sin mi tÃo —gritó al fin—. No sé adónde quieres llevarme.
Intenté convencerle de la maldad de mostrar desgana por conocer a su padre, pero se resistÃa obstinadamente a vestirse y tuve que recurrir a la ayuda de mi amo para hacerle salir de la cama. La pobre criatura partió, al fin, con diversas y engañosas garantÃas de que su ausencia serÃa corta, que el señor Linton y Cathy le visitarÃan, y otras promesas igualmente sin fundamento que yo inventaba y repetÃa a intervalos durante el camino. El aire puro perfumado de brezo, el sol resplandeciente y el suave trotecillo de Minny aliviaron al poco rato su abatimiento. Empezó a hacerme preguntas relativas a su nueva casa y sus habitantes con mayor interés y vivacidad.
—¿Es Cumbres Borrascosas un lugar tan agradable como la Granja de los Tordos? —preguntó, volviéndose para echar la última mirada al valle del que subÃa una ligera neblina que formaba una nube aborregada en los confines del cielo azul.