Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Bueno, Nelly —dijo, entrando a caballo en el patio una mañana, demasiado temprano como para que no me alarmara un inmediato presentimiento de malas noticias—. Ahora nos toca a ti y a mà ponernos de luto. ¿Quién crees que nos ha dejado?
—¿Quién? —pregunté aturdida.
—¡Anda, adivina! —respondió, desmontando y colgando las riendas de una argolla junto a la puerta—. Y coge la punta del delantal, estoy seguro de que la necesitarás.
—No será el señor Heathclif, ¿verdad? —exclamé.
—¡Cómo! ¿LlorarÃas por él? —dijo el médico—. No, Heathcliff es un mozo robusto. Hoy tiene un aspecto radiante. Acabo de verle. Está engordando rápidamente desde que perdió a su media naranja.
—¿Quién es, entonces, señor Kenneth? —reperà impaciente.