Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —No mucho —respondÃ. «Ni pizca», pensé, revisando con pena la blanca tez y delgada figura de mi compañero, y sus enormes ojos lánguidos… los de su madre, pero sin rastro de su chispeante espÃritu, salvo que una irritabilidad morbosa los encendiera por un momento.
—¡Qué raro que no viniera nunca a vernos a mamá y a mÃ! —murmuró—. ¿Me ha visto alguna vez? Si me ha visto yo debÃa de ser muy pequeño. ¡No recuerdo nada de él!
—Bueno, señorito Linton —dije—, trescientas millas es una larga distancia, y diez años le parecen una duración muy distinta a una persona mayor, comparados con lo que significan para usted. Es probable que el señor Heathcliff se propusiera ir un verano tras otro, pero nunca encontrara la conveniente oportunidad, y ahora es demasiado tarde. No le moleste con preguntas sobre ese tema, le enojarÃa para nada.