Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Seré muy bueno con él, no tengas miedo —dijo, riendo—. Sólo que nadie más deberá ser bueno con él. Quiero monopolizar su cariño celosamente. Y para empezar con mis bondades: Joseph tráele al niño algo de desayunar. Tú, Hareton, cachorro infernal, lárgate a tu trabajo. SÃ, Nelly —añadió cuando se hubieron ido—, mi hijo es el futuro propietario de tu casa, y no quisiera que muriera hasta no estar seguro de ser su sucesor. Además, él es mÃo y quiero el triunfo de ver a mi descendiente dueño y señor de las tierras de los Linton. Mi hijo arrendando a los suyos las tierras de sus padres para que las cultiven por un salario. Es la única consideración que me hace soportar al crÃo. ¡Por él le desprecio y por los recuerdos que me revive le odio! Pero ese pensamiento me basta. Estará tan seguro conmigo, y será atendido con tanto cuidado como tu amo atiende a su hija. Tengo arriba una habitación amueblada para él de forma elegante. He contratado también a un preceptor para que venga tres veces por semana, desde veinte millas de distancia, para enseñarle lo que quiera aprender. He ordenado a Hareton que le obedezca. De hecho, he arreglado todo con el fin de preservar lo que haya en él de superior y de caballero por encima de sus compañeros. Lamento, sin embargo, que valga tan poco la pena. Si yo deseaba una bendición en el mundo era encontrar en él algo digno de orgullo, y estoy muy decepcionado con este desgraciado llorón de cara pálida.