Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Supongo que Catherine realizó su proyecto porque la frase siguiente abordaba otro tema y ella se ponÃa llorosa:
«¡Cómo iba a imaginarme que Hindley me harÃa jamás llorar asÃ! —escribÃa—. Me duele tanto la cabeza que no puedo apoyarla en la almohada, y aun asà no puedo dejar de darle vueltas. ¡Pobre Heathcliff! Le llama vagabundo y ya no le deja sentarse, ni comer con nosotros, y dice que él y yo no debemos jugar juntos, y amenaza con echarle de casa si no cumplimos sus órdenes. Ha estado censurando a nuestro padre —cómo se atreve?— por tratar a Heathcliff con demasiada generosidad y jura que le pondrá en el sitio que le corresponde…»
Empecé a dar cabezadas sobre la borrosa página. Los ojos se me iban del manuscrito a la letra impresa. Vi un tÃtulo adornado en rojo que decÃa: «Setenta veces siete y el primero de los setenta y uno. Piadoso discurso pronunciado por el Reverendo Jabes Branderham, en la capilla del pantano de Gimmerden». Y mientras, medio consciente, me devanaba los sesos adivinando qué harÃa Jabes Branderham con su tema, me hundà en la cama y me quedé dormido. ¡Ay los efectos del mal té y el mal genio! ¿Qué otra cosa podÃa haberme hecho pasar una noche tan horrible? No recuerdo otra que se pueda comparar a ésta desde que soy capaz de sufrir.