Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas CorrÃa, volvÃa, y echaba a correr de nuevo muchas veces antes de que mis mesurados pasos llegaran a la verja. Entonces se sentó en el borde de hierba junto al camino y trató de esperar pacientemente, pero era imposible, no podÃa estarse quieta ni un minuto.
—¡Cuánto tardan! —exclamó—. Veo algo de polvo en el camino… ya vienen. ¡No! ¿Cuándo estarán aquÃ? ¿No podrÃamos ir un poco más lejos… media milla, Ellen, sólo media milla? ¡Di que sÃ, hasta ese grupo de abedules del recodo!