Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Heathcliff soltó una carcajada diabólica ante esta idea. Yo no respondà porque vi que no esperaba respuesta.
Mientras tanto, nuestro joven compañero, que estaba demasiado separado de nosotros para oÃrlo que se decÃa, empezó a dar sÃntomas de incomodidad, probablemente arrepentido de haberse negado a sà mismo el placer de la compañÃa de Catherine por miedo a fatigarse un poco. Su padre observó sus miradas inquietas en torno a la ventana y que indecisamente alargaba la mano hacia su gorra.
—¡Levántate, perezoso! —exclamó con fingida cordialidad—. ¡Corre tras ellos! Están justo en la esquina, al lado de las colmenas.
Linton hizo acopio de energÃas y dejó el hogar, la ventana estaba abierta y, cuando salió, oà a Catherine que preguntaba a su insociable compañero qué era aquella inscripción sobre la puerta. Hareton miró hacia arriba y se rascó la cabeza como un verdadero patán.
—Es un condenado escrito —respondió—. No sé leerlo.
—¿No sabes leerlo? —exclamó Catherine—. Yo sÃ, está en inglés, pero quiero saber por qué está ahÃ.
Linton soltó una risita, la primera señal de alegrÃa que mostraba.
—No sabe leer —dijo a su prima—. ¿PodrÃas creer en la existencia de tan colosal zopenco?