Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Y así continuó hasta que abandonó mi empeño de convencerla de su error. No mencionó su visita esa noche, porque no vio al señor Linton. Al día siguiente lo soltó todo, para mi gran disgusto. A pesar de todo no lo lamenté mucho porque pensé que él podría realizar la tarea de dirigirla y aconsejarla más eficazmente que yo. Pero fue demasiado tímido en dar razones satisfactorias que justificaran su deseo de que ella evitara todo trato con las gentes de las Cumbres y Catherine necesitaba buenas razones para toda restricción que amenazara su mimada voluntad.
—¡Papá! —exclamó, después de darle los buenos días—, adivina a quién vi ayer en mi paseo por los páramos. ¡Ah, papá, te has sobresaltado! No has hecho bien, ¿verdad? Vi…, pero escucha y sabrás cómo te descubrí, y a Ellen, que está aliada contigo, y todavía fingía tenerme lástima, cuando yo seguía esperando y quedaba siempre decepcionada, respecto de la vuelta de Linton.
Hizo un fiel relato de la excursión y sus consecuencias, y mi amo, aunque me echó más de una mirada de reproche, no dijo nada hasta que terminó. Entonces la acercó hacia sí y le preguntó si ella sabía por qué le había ocultado la proximidad de Linton. ¿Podía pensar que era para negarle un placer que podía disfrutar sin daño?
—Es porque no te gusta el señor Heathcliff.