Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Y mañana, Catherine, vendrás mañana? —preguntó el joven Heathcliff, cogiéndola del vestido mientras ella se levantaba de mala gana.
—¡No! —contesté yo—, ni pasado mañana tampoco.
Pero Catherine le dio una respuesta a todas luces diferente, porque la frente se le despejó cuando ella se agachó y le susurró algo al oÃdo.
—¡No irá usted mañana, recuerde, señorita! —empecé cuando estuvimos fuera de la casa—. Ni lo soñará, ¿verdad?
Ella sonrió.
—Oh, ya me cuidaré yo bien —continué—. Mandaré reparar aquella cerradura y no puede escapar por ningún otro sitio.
—Puedo saltar el muro —dijo riendo—. La Granja no es una cárcel, Ellen, y tú no eres mi carcelero. Además, tengo ya casi diecisiete años. Soy una mujer. Y estoy segura de que Linton se recuperarÃa rápidamente si me tuviera a mà para cuidarle. Soy mayor que él, ya sabes, y más sensata, menos infantil, ¿no es verdad? Y pronto hará lo que le diga con un poco de mimo. Es un encanto cuando es bueno. Le mimarÃa tanto si fuera mÃo… No nos pelearÃamos nunca cuando estuviéramos acostumbrados el uno al otro, ¿verdad? ¿A ti no te gusta, Ellen?