Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »Después de estar una hora sentados sin movernos, miré la espaciosa habitación con el suelo liso y sin alfombra y pensé lo bonito que sería jugar allí si quitábamos la mesa. Le pedí a Linton que llamara a Zillah para ayudarnos y jugaríamos a la gallinita ciega, y ella trataría de cogernos, como solías hacer tú, ya sabes, Ellen. Él no quiso, dijo que no era divertido, pero consintió en jugar a la pelota conmigo. Encontramos dos en un armario entre un montón de juguetes viejos: peonzas, aros, raquetas y volantes. Una pelota estaba marcada con una C y la otra con una H. Yo quería tener la C porque significaba Catherine y la H podía ser por Heathcliff, su nombre, pero a la H se le salía el salvado y a Linton no le gustaba. Le gané constante mente, se enfadó de nuevo, tosió y se volvió a su sillón, aunque esa noche recuperó fácilmente el buen humor. Le encantaron dos o tres canciones bonitas… tus canciones, Ellen. Y cuando me tenía que marchar me rogó y suplicó que volviera la tarde siguiente, y se lo prometí. Minny y yo volamos a casa tan ligeras como el viento, y soñé con Cumbres Borrascosas y con mi dulce y querido primo hasta el amanecer.