Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Alto, querida señorita Catherine! —interrump×. No la reñiré, pero no me gusta esa conducta suya. Si hubiera recordado que Hareton era tan primo suyo como el señorito Heathcliff, se habrÃa dado cuenta de lo improcedente de ese comportamiento. Cuando menos, es una ambición encomiable que desee ser tan culto como Linton y probablemente él no aprendió sólo para presumir. Usted le habÃa hecho avergonzarse de su ignorancia anteriormente, no me cabe ninguna duda, y querÃa remediarlo y agradarle. Burlarse de su defectuoso intento fue de muy mala educación. Si usted se hubiera criado en sus circunstancias, ¿serÃa menos zafia? Fue un niño tan vivo e inteligente como usted y me duele que ahora se le desprecie porque ese infame de Heathcliff le ha tratado tan injustamente.
—Bueno, Ellen, no vas a llorar por eso, ¿verdad? —exclamó, sorprendida de mi severidad—. Pero espera y sabrás si estudió su ABC para complacerme y si merecÃa la pena ser educada con ese bruto. Entré. Linton estaba tumbado en el escaño y se incorporó para recibirme.
»—No me encuentro bien esta tarde, Catherine, cariño —dijo—. Tendrás que decirlo tú todo y yo escucharé. Ven a sentarte a mi lado. Estaba seguro de que no faltarÃas a tu palabra y te lo haré prometer de nuevo antes de que te vayas.