Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »Linton estaba pálido y temblaba. No era guapo entonces, Ellen. ¡Oh, no! TenÃa un aspecto horrible, pues el enjuto rostro y los grandes ojos habÃan conformado una expresión de furia frenética e impotente. Agarró el pomo de la puerta y lo sacudió, estaba cerrada por dentro.
»—¡Si no me dejas entrar te mataré…! ¡Si no me dejas entrar te mataré! —chillaba más que decÃa—. ¡Demonio, demonio…! ¡Te mataré…! ¡Te mataré!
»Joseph volvió a soltar su risa gruñona.
»—¡Vaya, eso es del padre! —exclamó—. ¡Es el padre! Todos tenemos de ambas partes en nosotros. ¡No hagas caso, Hareton, muchacho… no tengas miedo… no puede hacerte nada!