Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Catherine se divertÃa bailando de un lado a otro delante de la puerta, mientras probaba todas las llaves grandes una tras otra. HabÃa probado la última y ninguna servÃa, asà que, repitiendo mi deseo de que se quedara allÃ, estaba a punto de ir a casa a toda carrera cuando un ruido que se acercaba me detuvo. Era el trote de un caballo. El baile de Cathy paró y, en un minuto, también el caballo.
—¿Quién es? —susurré.
—Ellen, ojalá pudieras abrir la puerta —susurró mi compañera con ansiedad.
—¡Ajá, la señorita Linton! —dijo una voz profunda (la del jinete)—. Me alegro de encontrarla. No tenga prisa en entrar, porque tengo que pedirle y obtener una explicación.
—Yo no hablaré con usted, señor Heathcliff. Papá dice que es usted malo y que nos odia tanto a él como a mÃ, y Ellen dice lo mismo.