Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO XXIII

La noche de lluvia trajo una mañana brumosa —mitad escarcha, mitad llovizna— y arroyuelos ocasionales cruzaban nuestro camino… gorgoteando desde las alturas. Tenía los pies completamente empapados y estaba enfadada y deprimida, exactamente el humor adecuado para empeorar más estas cosas desagradables. Entramos en la casa por la cocina, para asegurarme de que el señor Heathcliff estaba de verdad ausente, porque me fiaba poco de su afirmación.

Joseph parecía estar sentado en una especie de elíseo, solo, junto a un fuego crepitante, con un cuartillo de cerveza sobre la mesa a su lado, repleto de enormes pedazos de torta de avena, y la negra y corta pipa en la boca. Catherine corrió al hogar a calentarse. Pregunte si el amo estaba en casa. Mi pregunta quedó tanto tiempo sin contestar que creí que el viejo se había vuelto sordo y la repetí más alto.

—¡Nooo! —gruñó, o más bien roncó por la nariz—. ¡Nooo! Vuelve por donde has venido.

—¡Joseph! —gritó una voz desagradable desde la habitación interior, al mismo tiempo que hablaba yo—. ¿Cuántas veces tengo que llamarte? Ya no quedan más que unas pocas brasas. ¡Joseph!, ven ahora mismo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker