Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Aquello fue peor. Estaba inquieta y suspiraba y miraba el reloj hasta que por fin a las ocho se fue a su habitación, completamente rendida de sueño, a juzgar por su aspecto malhumorado y somnoliento y el continuo restregar al que tenÃa sometidos los ojos. La noche siguiente pareció aún más impaciente y a la tercera de recuperar mi compañÃa se quejó de dolor de cabeza y me dejó. Juzgué extraña su conducta y, después de quedarme sola un buen rato, decidà ir a averiguar si estaba mejor y pedirle que viniera a tumbarse en el sofá en vez de estar arriba a oscuras. No pude encontrar rastro de Catherine ni arriba ni abajo. Los criados me aseguraron que no la habÃan visto. Escuché a través de la puerta del señor Linton, todo era silencio. Volvà a su habitación, apagué la vela y me senté junto a la ventana.