Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Consentir qué? —preguntó—. ¿Quedarme? ExplÃcame el significado de esta extraña conversación y lo haré. ¡Contradices tus propias palabras y me confundes! Cálmate, habla con franqueza y confiesa de una vez lo que oprime tu corazón. Linton, ¿tú no me harÃas daño, verdad? ¿No permitirÃas que ningún enemigo me lo hiciera si pudieras evitarlo? Creo que eres un cobarde para ti mismo, pero no traicionarÃas cobardemente a tu mejor amiga.
—Pero mi padre me ha amenazado —jadeó el chico, apretando sus delgados dedos—. ¡Y me aterra, me aterra! ¡No me atrevo a decirlo!
—¡Ah, bueno! —dijo Catherine, con desdeñosa compasión—. Guarda tu secreto. Yo no soy cobarde. Sálvate por tu cuenta. ¡Yo no tengo miedo!
Su generosidad provocó las lágrimas de Linton, quien lloró frenéticamente, besando las manos que le sostenÃan, pero sin tener arrestos para hablar. Yo estaba meditando cuál podÃa ser el misterio, decidida a que Catherine no sufriera para beneficiarle a él, ni a ningún otro por culpa de su buena voluntad, cuando oà un crujido entre el brezo, levanté la vista y vi al señor Heathcliff casi junto a nosotros, bajando de las Cumbres. No miró a mis compañeros, aunque estaban lo bastante cerca como para que se oyeran los sollozos de Linton, pero a mà me saludó en ese tono casi cordial que no utilizaba con nadie más y de cuya sinceridad yo no tenÃa motivos de duda, y me dijo: