Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Ya es algo verte tan cerca de mi casa, Nelly. ¿Cómo estáis en la Granja? Cuéntanos. Corre el rumor —añadió en tono más bajo— de que Edgar Linton está en su lecho de muerte. ¡Quizá exageran su gravedad!
—No. Mi amo se está muriendo —respond×. Es cierto. ¡Será triste para todos nosotros, pero una bendición para él!
—¿Cuánto tiempo crees que durará? —preguntó.
—No lo sé —respondÃ.
—Porque —continuó, mirando a los dos jóvenes que habÃan quedado clavados bajo su mirada (Linton parecÃa como si no fuera capaz de aventurarse a hacer un movimiento ni a levantar la cabeza y Catherine no podÃa moverse debido a que le estaba sosteniendo)—, porque ese muchacho de ahà parece decidido a derrotarme y le agradecerÃa a su tÃo que se diera prisa y se fuera antes que él. ¡Hola! ¿Hace mucho que el chico está jugando a ese juego? Desde luego le di algunas lecciones sobre el lloriqueo. ¿Está, por lo general, muy animado con la señorita Linton?
—¿Animado? No… ha mostrado la mayor angustia —respond×. Viéndole, yo dirÃa que, en lugar de estar paseando por los montes con su novia, deberÃa estar en la cama en manos de un médico.