Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Linton, cariño! —susurró Catherine—. No puedo ir a Cumbres Borrascosas. Papá me lo ha prohibido. Tu padre no te hará daño. ¿Por qué le tienes tanto miedo?
—No puedo volver a entrar jamás en esa casa —respondió—. ¡No puedo volver a entrar sin ti!
—¡Basta! —gritó su padre—. Respetaremos los escrúpulos filiales de Catherine. Nelly, llévale tú y seguiré tus consejos respecto al médico sin demora.
—Hará usted bien —respondà yo—. Pero tengo que quedarme con mi señorita. Ocuparme de su hijo no es asunto mÃo.
—Eres muy inflexible —dijo Heathcliff—, lo sé, pero me obligarás a pinchar al crÃo y hacerle chillar antes que moverte a compasión. Vamos, entonces, mi valiente, ¿estás dispuesto a volver escoltado por mÃ?
Se le acercó una vez más, e hizo como si cogiera a la frágil criatura, pero, retrocediendo, Linton se agarró a su prima y le imploró que le acompañara con tan frenética insistencia que no admitÃa negativa. Aunque yo no lo aprobé, no pude impedÃrselo y, ¿cómo podÃa ella haberse negado? No podÃamos comprender qué era lo que le llenaba de terror, pero ahà estaba, impotente bajo sus garras, y cualquier añadido parecÃa capaz de conmocionarle hasta la idiotez. Llegamos al umbral. Catherine entró y yo me quedé esperando que llevara al enfermo a una silla, pensando que saldrÃa inmediatamente, cuando Heathcliff, empujándome hacia adelante, dijo: