Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Por qué querÃa verme? —preguntó Catherine—. Me gustaba más en sus momentos de peor genio de antes que con el curioso humor actual. Esta entrevista es como si se tratara de una tarea que se ve obligado a realizar por miedo a que su padre le riña. Pero no voy a venir para darle gusto al señor Heathcliff, sea cual sea la razón que pueda tener para hacer a Linton sufrir esa penitencia. Y, aunque me alegro de que esté mejor de salud, lamento que sea mucho menos agradable y mucho menos cariñoso conmigo.
—¿Entonces, cree usted que está mejor de salud? —pregunté yo.
—Sà —respondió—, porque siempre se quejaba muchÃsimo de sus sufrimientos, ya sabes. No está muy bien, como ha dicho que le diga a papá, pero es muy probable que esté mejor.
—En eso mi opinión difiere de la suya, señorita Catherine —observé—. Yo supondrÃa que está mucho peor.
Entonces Linton se despertó sobresaltado de su sueño con desconcertado terror y preguntó si alguien habÃa voceado su nombre.
—No —dijo Catherine—, a no ser en sueños. No me cabe en la cabeza cómo puedes dormitar al aire libre por la mañana.