Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Dame algo de té, tengo sed, y luego te lo diré —respondió él—. Señora Dean, váyase. No me gusta tenerla de pie por encima de mÃ. Vaya, Catherine, estás dejando caer las lágrimas en mi taza. No beberé eso, dame otra.
Catherine le acercó otra taza y se secó la cara. Me repugnó la calma del tunante una vez que ya no temÃa por su persona. La angustia que habÃa mostrado en el páramo se apaciguó tan pronto como entró en Cumbres Borrascosas, asà que supuse que le habÃa amenazado con una espantosa muestra de ira si fracasaba en atraernos allà y, conseguido eso, no tenÃa más temores inmediatos.
—Papá quiere que nos casemos —continuó después de sorber un poco de lÃquido—. Sabe que tu papá no nos dejarÃa casarnos ahora, y teme que me muera si esperamos, asà que vamos a casarnos por la mañana, tendrás que quedarte aquà toda la noche y, si haces lo que quiere, volverás a casa al dÃa siguiente y me llevarás contigo.