Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —No, de lo contrario nos habrÃan puesto sobre llameantes hogueras, supongo —replicó la cantante—. Pero cállese, viejo, y lea su Biblia como un cristiano y no se preocupe por mÃ. Ésta es Fairy Annie’s Wedding —una bonita melodÃa—, se baila.
La señora Dean estaba a punto de volver a empezar, cuando me adelante y, reconociéndome al instante, se puso de pie de un salto, exclamando:
—¡Vaya, Dios le bendiga, señor Lockwood! ¿Cómo se le ha ocurrido volver asÃ? Está todo cerrado en la Granja de los Tordos. ¡DeberÃa habernos avisado!
—He dispuesto acomodarme allà el tiempo que me quede —respond×. Mañana partiré de nuevo. ¿Y cómo se ha trasplantado aquÃ, señora Dean? Cuéntemelo.
—Zillah se marchó y el señor Heathcliff quiso que viniera al poco tiempo de irse usted a Londres y que me quedara hasta que usted volviera. ¡Pero pase, se lo ruego! ¿Ha venido andando desde Gimmerton esta tarde?
—Desde la Granja —respond× y, mientras me preparan el alojamiento allÃ, quiero liquidar mis asuntos con su amo, porque no creo que tenga otra oportunidad fácilmente.
—¿Qué asuntos, señor? —dijo Nelly, conduciéndome hacia la casa—. Ha salido de momento, y no volverá pronto.
—Sobre la renta —respondÃ.