Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Oh!, entonces es con la señora Heathcliff con quien tiene que arreglarlo —observó—, o más bien conmigo. Ella todavÃa no ha aprendido a llevar sus asuntos y yo actúo en su lugar, no hay nadie más.
Puse cara de sorpresa.
—¡Ah!, veo que no se ha enterado de la muerte del señor Heathcliff —continuó ella.
—¡Heathcliff muerto! —exclamé asombrado—. ¿Cuánto tiempo hace?
—Hace tres meses. Pero siéntese y deme su sombrero que se lo contaré todo. Un momento, no ha comido, ¿verdad?
—No quiero nada. He mandado que me preparen la cena en casa. Siéntese usted también. ¡Nunca se me ocurrió que fuera a morirse! Cuénteme cómo sucedió. ¿Dijo usted que no les esperaba pronto de vuelta… a los jóvenes?
—No… tengo que reñirles todas las noches por sus paseos hasta tan tarde, pero no me hacen caso. Al menos beba un trago de nuestra vieja cerveza. Le sentará bien. Parece cansado.
Se apresuró a buscarla antes de que pudiera negarme, y oà a Joseph preguntar «si no era escandaloso que tuviera pretendientes a su edad, y además darles de beber en la bodega del amo… Era vergonzoso vivir para verlo».