Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Alto! —dijo, deteniéndola por el brazo—. ¡Se acabaron las escapadas! ¿Adónde irÃas? Vengo para llevarte a casa y espero que seas una hija obediente y que no animes a mi hijo a más desobediencias. Estaba desconcertado sobre cómo castigarle cuando descubrà su parte en el asunto. Es igual que una tela de araña y un pellizco le aniquilarÃa. ¡Pero verás por su aspecto que recibió su merecido! Le bajé una noche, anteayer, le senté en una silla, y no le toqué más. Mandé salir a Hareton y nos quedamos los dos solos en la habitación. A las dos horas llamé a Joseph para que le subiera de nuevo, y desde entonces mi presencia es tan fuerte para sus nervios como la de un fantasma y me figuro que me ve a menudo aunque no me tenga cerca. Hareton dice que por la noche se despierta y chilla a cada hora y te llama para que le protejas de mÃ. Te guste o no tu precioso consorte, tienes que venir, ahora es asunto tuyo. Te cedo todo mi interés en él.
—¿Por qué no deja que Catherine continúe aqu� —supliqué—, y manda aquà al señorito Linton. Como odia a los dos, no los echará de menos. Sólo serán un fastidio cotidiano para su desnaturalizado corazón.