Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Me mandaron presentarme en Cumbres Borrascosas a los quince días de que se fuera usted —contó—. Obedecí encantada por amor a Catherine. Mi primera charla con ella me apenó y disgustó. Había cambiado mucho desde que nos separamos. El señor Heathcliff no me explicó las razones de su nueva decisión para que viniera aquí. Sólo me dijo que me necesitaba y que estaba cansado de ver a Catherine. Debía convertir la salita en mi sala de estar y retenerla a ella conmigo. Ya tenía bastante con verse obligado a verla una o dos veces al día. Ella pareció contenta con ese arreglo. Gradualmente fui llevando a hurtadillas gran número de libros y otros artículos que habían contribuido a su diversión en la Granja y me hacía ilusiones de que viviríamos con bastante comodidad. Las ilusiones duraron poco. Catherine, contenta al principio, en muy poco tiempo se volvió irritable e inquieta. Por una parte, tenía prohibido salir al jardín y le irritaba mucho verse confinada en aquellos estrechos límites a medida que avanzaba la primavera; por otra, para atender la casa yo tenía que dejarla con frecuencia, y se quejaba de soledad. Prefería pelear con Joseph en la cocina a estar en paz sola. No me importaban sus escaramuzas, pero Hareton se veía obligado a buscar también la cocina cuando el amo quería la sala para él solo. Y aunque al principio ella, o bien se marchaba cuando él se acercaba, o bien tranquilamente se me unía en mis quehaceres y evitaba hacerle observaciones o dirigirle la palabra y, a pesar de que él siempre estaba lo más taciturno y silencioso posible, transcurrido poco tiempo ella cambió su conducta y era incapaz de dejarle tranquilo. Le hablaba, le hacía comentarios sobre su estupidez y ociosidad, le expresaba su extrañeza de cómo podía soportar la vida que llevaba… cómo podía pasar toda una tarde sentado mirando al fuego y dormitando.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker