Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡No deberÃa regatearme unas pocas yardas de tierra para adorno, cuando me ha quitado todas mis tierras!
—¿Tus tierras, insolente desgraciada? Nunca tuviste ninguna —dijo Heathcliff.
—Y mi dinero —continuó ella, devolviéndole su colérica mirada mientras mordÃa una corteza de pan, el resto de su desayuno.
—¡Silencio! —exclamó—. ¡Acaba y lárgate!
—Y las tierras de Hareton y su dinero —prosiguió la osada criatura—. Hareton y yo somos amigos ahora, ¡y le contaré todo sobre usted!
El amo pareció confuso un momento. Se puso pálido y se levantó, mirándola todo el rato con una expresión de odio mortal.
—Si me pega, Hareton le pegará a usted —dijo ella—, asà que vale más que se siente.
—Si Hareton no te echa de la habitación, le pegaré hasta mandarle al infierno —tronó Heathcliff—. ¡Condenada bruja! ¿Te atreves a intentar levantarle contra mÃ! ¡Fuera con ella! ¿OÃs? ¡Echadla a la cocina! ¡Ellen Dean, la mataré si dejas que se vuelva a presentar ante mi vista!
Hareton intentó, en voz baja, convencerla de que se fuera.
—¡Sácala a rastras! —gritó como un salvaje—. ¿Os quedáis a charlar? —y se acercó para ejecutar sus propias órdenes.