Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas «No parece tan amable —pensé— como la señora Dean quiere hacerme creer. Es una belleza, es cierto, pero no un ángel».
Earnshaw le mandó hoscamente que se llevara sus cosas a la cocina.
—Llévalas tú —contestó ella, poniéndolas aparte en cuanto terminó y, retirándose a un taburete junto a la ventana, donde empezó a modelar figuras de pájaros y otros animales con la mondas de nabo que tenÃa en la falda. Me acerqué a ella como pretendiendo mirar al jardÃn y, me figuré que con habilidad, dejé caer la nota de la señora Dean en sus rodillas sin que Hareton se diera cuenta… pero preguntó en voz alta:
—¿Qué es esto? —y lo tiró.
—Una carta de una vieja amiga, el ama de llaves de la Granja —respondÃ, molesto de que descubriera mi amable acción y temeroso de que se imaginara que era un mensaje mÃo.