Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Y mientras tanto quiere que yo me convierta en una estúpida —replicó Catherine—. SÃ, le oigo deletrear y leer a solas, ¡y qué bien mete la pata! Me gustarÃa que repitieras Chevy Chase como hiciste ayer. Era divertidÃsimo. Te oÃ. ¡Y te oà hojear el diccionario para buscar las palabras difÃciles, y luego maldecir porque no podÃas entender la explicación!
El joven evidentemente consideró que era demasiado que se rieran de él por su ignorancia y luego que se rieran porque intentaba superarla. Yo pensaba lo mismo y, recordando la anécdota de la señora Dean de sus primeros intentos por iluminar las tinieblas en que habÃa sido criado, observé:
—Pero, señora Heathcliff, todos hemos tenido un comienzo y todos hemos tropezado y hemos vacilado en el umbral. Si nuestros maestros nos hubieran regañado en lugar de ayudarnos, estarÃamos todavÃa tropezando y vacilando.
—Oh —replicó ella—, yo no quiero limitar sus conocimientos, ¡pero no tiene derecho a apropiarse de lo que es mÃo y volverlo ridÃculo con sus detestables errores y malas pronunciaciones! Esos libros, tanto los de prosa como los de verso, son sagrados para mà por otros recuerdos, ¡y odio verlos rebajados y profanados en su boca! Además, como si fuera con malicia deliberada, ha tenido precisamente que escoger mis obras favoritas, las que más me gusta repetir.