Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »Pero es una locura contarte a ti todos estos pensamientos. Sólo te hará comprender por qué, con mi repugnancia a estar siempre solo, la compañÃa de Hareton no me aporta ningún beneficio, más bien agrava el constante tormento que sufro y, en parte, contribuye a que me sea indiferente que él y su prima anden juntos. No puedo prestarles ya más atención.
—Pero ¿qué quiere decir con un cambio, señor Heathcliff? —dije, alarmada por su actitud, aunque, en mi opinión, no corrÃa peligro de perder el juicio ni de morirse. Estaba muy fuerte y saludable y, en cuanto a su razón, desde la infancia disfrutaba alimentando ideas tenebrosas y abrigando raras fantasÃas. PodÃa tener una monomanÃa respecto a su desaparecido Ãdolo, pero en cualquier otro tema su razón estaba tan sana como la mÃa.
—No lo sabré hasta que llegue —dijo—. Ahora sólo soy consciente de él a medias.
—No se siente enfermo, ¿verdad? —pregunté.
—No, Nelly, no —respondió.
—Entonces, ¿no teme a la muerte? —continué.