Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Empezó a dar paseos por la habitación, murmurando para sí cosas horribles, hasta tal punto que me incliné a creer, como él mismo decía que creía Joseph, que la conciencia le había convertido el corazón en un infierno terrenal. Yo me preguntaba seriamente cómo terminaría aquello. Aunque anteriormente rara vez había revelado aquel estado de ánimo, ni siquiera por su aspecto, se trataba de su talante habitual, para mí no había ninguna duda, pues él mismo lo había declarado. Pero por su porte nadie se lo hubiera imaginado. No lo hizo usted, señor Lockwood, cuando lo vio por primera vez, y en la época de la que le hablo estaba exactamente igual que entonces, sólo más aficionado a la continua soledad y quizá más lacónico con los que le rodeaban.