Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Luego empezó a describir con una emoción histérica el efecto que le producÃa la vista del luto. Se sobrecogÃa y temblaba y al fin se echó a llorar… y cuando le pregunté qué le pasaba, me respondió que no lo sabÃa, pero que ¡tenÃa tanto miedo a morirse! A mà me pareció que estaba tan para morirse como yo. Era un tanto delgada, pero joven y de tez fresca y los ojos le brillaban como diamantes. Noté, desde luego, que cuando subÃa las escaleras la respiración se le hacÃa muy rápida, que el menor ruido repentino la sobresaltaba, y que a veces tosÃa de forma alarmante. Pero no tenÃa ni idea de lo que esos sÃntomas presagiaban y no me sentà inclinada a simpatizar con ella. AquÃ, señor Lockwood, por lo general no nos encariñamos con los extraños a menos que se encariñen primero ellos con nosotros.