Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »Me arrastró hasta la lámpara, la señora Linton se puso los lentes sobre la nariz y levantó horrorizada las manos. Los cobardes de los niños también se acercaron. Isabella bisbiseó:
»—¡Qué horror! Ponlo en la bodega, papá. Es exactamente igual que el hijo de la adivina que me robó mi faisán domesticado, ¿verdad, Edgar?
»Mientras me examinaban, Cathy volvió en sÃ, oyó las últimas palabras y se rió. Edgar Linton, después de una mirada inquisitiva, reunió el suficiente ingenio como para reconocerla. Nos ven en la iglesia, ya sabes, aunque es raro que los encontremos en otro sitio.
»—¡Es la señorita Earnshaw! —le susurró a su madre—, y mira cómo la ha mordido Skulker, ¡cómo le sangra el pie!
»—¿La señorita Earnshaw? ¡TonterÃas! —exclamó la dama—. ¿La señorita Earnshaw recorriendo el campo con un gitano? Pero sÃ, cariño, la niña lleva luto… seguro que es ella… ¡y puede quedarse coja para toda la vida!