Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »—¡Qué culpable negligencia la de su hermano! —exclamó el señor Linton, volviéndose de mà a Catherine—. Sé por Shielders (ése era el coadjutor, señor Lockwood) que la deja crecer en el más absoluto paganismo. ¿Pero quién es éste? ¿De dónde ha sacado este compañero? Ah, apuesto a que es aquella extraña adquisición que mi difunto vecino hizo en su viaje a Liverpool… un pequeño Lascar, o un náufrago americano o español.
»—Un niño malo, de todas formas —observó la vieja dama— y del todo inadecuado para una casa decente. ¿Te diste cuenta de su lenguaje, Linton? Estoy horrorizada de que mis hijos le hayan oÃdo.