Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Dónde está la señorita Catherine? —exclamé apresuradamente—. Espero que no haya habido ningún accidente.
—En la Granja de los Tordos —contestó—, y allà estarÃa yo también, pero no han tenido la amabilidad de invitarme a que me quedara.
—¡Bueno, las vas a pagar! —dije yo—. No estarás nunca contento hasta que te manden a paseo. ¿Qué diablos os llevó hasta la Granja de los Tordos?
—Déjame que me quite esta ropa mojada y te lo contaré todo, Nelly —respondió.
Le dije que tuviera cuidado de no despertar al amo, y mientras se desnudaba y yo esperaba para apagar la vela, continuó:
—Cathy y yo nos escapamos del lavadero para pasear a nuestro gusto. Al vislumbrar las luces de la Granja pensamos que podrÃamos ir a ver si los Linton pasaban las tardes de domingo tiritando de pie por los rincones, mientras su padre y su madre estaban sentados comiendo y bebiendo, cantando y riendo, y quemándose las pestañas delante del fuego. ¿Crees que hacen eso? ¿O que leen sermones y su criado los catequiza y les hace aprender una lista de nombres bÃblicos si ellos no contestan bien?
—Probablemente no —respond×. Son niños buenos, sin duda, y no merecen el trato que vosotros recibÃs por vuestra mala conducta.