El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita En la sala de espera de una famosa clÃnica psiquiátrica, recién inaugurada a la orilla del rÃo Moskva, apareció un hombre de barba en punta y bata blanca. Era la una y media de la madrugada. Iván Nikoláyevich estaba sentado en un sofá bajo la estrecha vigilancia de tres enfermeros. A su lado, en un estado horriblemente alterado, se sentaba el poeta Riujin, y en el mismo sofá, amontonadas, las toallas que habÃan servido para atar a Desamparado, que ahora tenÃa libres los brazos y las piernas.
Riujin palideció al ver entrar al de la bata blanca, tosió y dijo con timidez:
—Buenas noches, doctor.
El médico hizo una inclinación de cabeza en respuesta al saludo de Riujin, pero sin mirarle, con la vista fija en Iván Nikoláyevich, que permanecÃa inmóvil, con cara de mal humor y el ceño fruncido y que no se habÃa inmutado con la entrada del doctor.
—Verá, doctor —dijo Riujin en un misterioso susurro y mirando con expresión asustada a Iván Nikoláyevich—, éste es el conocido poeta Iván Nikoláyevich Desamparado…, y me temo que esté con el delirium tremens…
—¿Bebe mucho? —preguntó entre dientes el doctor.
—Pues sÃ, a veces; pero, en realidad, no como para esto…