El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¿Intentaba cazar cucarachas, ratas, diablos y perros corriendo?
—No —contestó Riujin estremeciéndose—; le vi ayer y también esta mañana. Estaba completamente normal.
—¿Y por qué está en calzoncillos? ¿Le han sacado de la cama?
—Es que se presentó asà en el restaurante…
—Ya, ya —dijo el médico, muy satisfecho—. ¿Y esos arañazos? ¿Ha tenido alguna pelea?
—Se cayó de una verja y luego se pegó con uno en el restaurante…, bueno, y con más.
—Bien, bien —dijo el doctor, y volviéndose hacia Iván añadió—: Hola, ¿cómo está?
—¡Hola!, saboteador —contestó Iván, furioso, en voz alta.
Riujin se azoró hasta el punto de que no se atrevÃa a levantar los ojos al correcto doctor. Pero éste no pareció ofenderse lo más mÃnimo; se quitó las gafas con gesto automático y rápido y, levantándose la bata, las guardó en el bolsillo de detrás del pantalón. Luego preguntó a Iván:
—¿Cuántos años tiene?
—¡Váyanse al diablo todos! —gritó Iván con brusquedad, dándoles la espalda.
—Pero ¿por qué se enfada? ¿Le he dicho algo desagradable?