El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Tengo veintitrés años y presentaré una demanda contra todos vosotros. Sobre todo contra ti, ¡liendre! —dijo dirigiéndose a Riujin.
—¿Y de qué piensa quejarse?
—De que me habéis traÃdo a mÃ, un hombre completamente sano, a un manicomio —contestó Iván lleno de ira.
Riujin miró con detención a Iván y se quedó perplejo: sus ojos no eran los de un loco. Eran sus ojos claros de siempre y no los de turbia mirada que tenÃa cuando llegó a Griboyédov.
«¡Caramba! —pensó Riujin asustado—. ¡Si realmente está normal por completo! ¿Por qué le traerÃamos? ¡Vaya tonterÃa que hemos hecho! Está normal y tan normal; lo único que tiene son los arañazos en la cara…»
El médico, sentándose en una banqueta blanca de pie cromado, empezó a hablar con mucha calma.
—Usted está en una clÃnica, no en un manicomio. Nadie le va a retener aquà si no es necesario.
Iván Nikoláyevich le miró de reojo, desconfiando.
—¡Menos mal que hay alguien cuerdo entre tanto imbécil! Y el que más, el idiota de Sashka, que encima es un inepto.
—¿Quién es Sashka el inepto? —se interesó el médico.