El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Doctor Stravinski —se presentó a Iván el recién llegado, mirándole con benevolencia.
—Aquà tiene, Alexandr Nikoláyevich —dijo sin alzar la voz uno de barbita bien arreglada, alargándole un papel escrito de arriba abajo.
«Han preparado todo un expediente», pensó Iván. El jefe echó una ojeada al papel con gesto mecánico, murmurando: «Humm, ajá», y cambió varias frases con los allà presentes en un idioma poco conocido. «También habla en latÃn, como Pilatos», pensó Iván con tristeza. Oyó una palabra que le hizo estremecerse: «esquizofrenia», la misma que pronunciara el maldito extranjero el dÃa anterior en «Los Estanques del Patriarca», y que ahora repetÃa el profesor Stravinski. «También lo sabÃa», meditó angustiado Iván.
Por lo que se podÃa apreciar, el jefe habÃa decidido estar de acuerdo con todo lo que dijeran los demás y demostraba su alegrÃa con expresiones tales como «bueno, muy bien».
—Muy bien —dijo Stravinski, devolviendo la hoja a uno de los del séquito, y añadió dirigiéndose a Iván:
—¿Es usted poeta?
—SÃ, soy poeta —dijo Iván con aire sombrÃo; sentÃa de pronto una inexplicable repulsión hacia la poesÃa; sus versos, que acababa de recordar, le parecÃan embarazosos.