El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Frunciendo el entrecejo, preguntó a su vez a Stravinski:
—¿Es usted profesor?
Stravinski afirmó con una inclinación cortés.
—¿Y es el jefe de todo esto? —seguía Iván.
Stravinski inclinó la cabeza de nuevo.
—Necesito hablar con usted —dijo Iván Nikoláyevich con aire significativo.
—Precisamente para eso estoy aquí —respondió Stravinski.
—Es que —empezó Iván, pensando que había llegado su hora— me han tomado por loco y nadie me quiere escuchar.
—¡Por favor! Estamos dispuestos a escucharle con muchísimo gusto —dijo Stravinski, serio y tranquilizador— y no permitiremos de ningún modo que lo tomen por loco.
—Pues entonces escuche: ayer por la tarde, un tipo muy misterioso se me acercó estando yo en «Los Estanques del Patriarca». No estoy seguro de si era o no extranjero. Sabía de antemano todo lo referente a la muerte de Berlioz y había visto personalmente a Poncio Pilatos.
Los miembros del séquito permanecían inmóviles, escuchando al poeta en silencio.