El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Perfectamente —contestó muy serio Stravinski, dándole al poeta un golpecito en la rodilla, y añadió—: siga y no se altere.
—Sigo —dijo Iván, tratando de hablar en el mismo tono de Stravinski, sabiendo por triste experiencia que sólo la calma podÃa ayudarle—. Pues ese tipo siniestro (que se hace pasar por consejero) tiene un poder extraordinario. Por ejemplo, echas a correr detrás de él y no hay manera de alcanzarle… Le acompaña una parejita de cuidado y muy curiosa también, un tipo largo con los cristales de los impertinentes rotos y un gato de un tamaño increÃble, que encima viaja solo en el tranvÃa. Además —en vista de que nadie le interrumpÃa, Iván hablaba cada vez con más seguridad y convencimiento— ha estado personalmente en el balcón de Poncio Pilatos de eso no hay duda alguna. Pero ¿qué le parece todo esto? Hay que detenerle rápidamente, o hará un daño irreparable.
—Vamos a ver, si no le he entendido mal, lo que usted trata de conseguir es que le detengan, ¿no es as�
«Es inteligente —pensaba Iván—; hay que reconocer que entre los intelectuales también se encuentra gente con cerebro. No hay duda.» Y contestó: