El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Claro, pero ¿cómo no me voy a empeñar? Piense si no lo harÃa usted mismo. Y mientras tanto me tienen aquà a la fuerza, me meten una lámpara en los ojos, me bañan y me preguntan sobre mi tÃo Fédor, que hace ya bastante tiempo que no existe. ¡Exijo que me dejen salir!
—Muy bien, muy bien —respondió Stravinski—, ahora todo se ha aclarado. Tiene razón, ¿qué objeto tiene el retener en un sanatorio a un hombre cuerdo? Bien, le dejo salir ahora mismo si me dice que es normal. No me lo demuestre, dÃgamelo simplemente. Entonces, ¿es usted normal?
Hubo una pausa. La gorda que habÃa atendido a Iván por la mañana miraba al profesor con veneración. Iván pensó de nuevo: «Realmente, este hombre es inteligente».
La proposición del profesor le habÃa parecido perfecta y se puso a pensar con calma su respuesta, frunció el entrecejo y, por fin, dijo con seguridad.
—Soy normal.