El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Muy bien —exclamó Stravinski aliviado—; si es asÃ, vamos a dialogar con lógica. Empecemos por su dÃa de ayer —se volvió y en seguida le dieron la hoja de Iván—. En la persecución del desconocido que se presentó como amigo de Poncio Pilatos, usted hizo todas las cosas siguientes —Stravinski empezó a doblar sus afilados dedos uno por uno, mirando alternativamente a Iván y a la hoja de papel—: se colgó un icono al pecho, ¿no es asÃ?
—Sà —asintió Iván con aire taciturno.
—Se cayó de una valla, arañándose la cara, ¿no es verdad? Y apareció en el restaurante con una vela encendida, en paños menores. Y se pegó con alguien. Le trajeron aquà atado. Una vez aquÃ, llamó a las milicias, pidiendo que le mandaran ametralladoras. Luego intentó saltar por la ventana. ¿No? DÃgame, ¿cree usted que actuando de ese modo se puede llegar a cazar a nadie? Y si usted es normal, me dirá que no, que no es un método. ¿Se quiere marchar de aquÃ? De acuerdo, hágalo. Pero antes una pregunta, por favor: ¿dónde piensa ir?
—A las milicias, naturalmente —contestó Iván, ya con bastante menos aplomo y sintiéndose un poco confuso frente a la mirada del profesor.
—¿Directamente desde aqu�
—SÃ.