El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Sentado junto a la mesa del difunto estaba un ciudadano largo y flaco, con una chaqueta a cuadros, gorrita de jockey e impertinentes; en una palabra: nuestro amigo de siempre.
—¿Quién es usted, ciudadano? —preguntó Nikanor Ivánovich asustado.
—¡Vaya! ¡Nikanor Ivánovich! —gritó el inesperado ocupante, con voz aguda y tintineante, y levantándose de un salto saludó al presidente con un respetuoso y forzado apretón de manos. A Nikanor Ivánovich no le calmó aquel saludo lo más mÃnimo.
—Perdone —habló con cierta sospecha—. ¿Quién es usted? ¿Es usted una personalidad oficial?
—¡Ay, Nikanor Ivánovich! —exclamó cordialmente el desconocido—. Personalidad oficial o no oficial, ¿qué más da? Todo es relativo. Depende del punto de vista desde el que se enfoque la cuestión. SÃ, sÃ, depende de las circunstancias. Hoy puede que no sea una personalidad oficial, pero mañana, ¿quién sabe?, puedo serlo perfectamente. También sucede al revés, ¡y tan a menudo, además!
Naturalmente, estos razonamientos no sirvieron para tranquilizar al presidente de la comunidad de vecinos, el cual, desconfiado por naturaleza, dedujo de las divagaciones del ciudadano que no era una personalidad oficial y que, probablemente, serÃa un don Nadie.