El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Pero bueno, ¿quién es usted?, ¿cómo se llama? —preguntó en tono severo, avanzando hacia el desconocido.
—Mi apellido —dijo el ciudadano, sin inmutarse lo más mÃnimo— digamos que es Koróviev. ¿Quiere tomar algo? Pero sin cumplidos, ¿eh?
—¡Oiga usted! —hablaba Nikanor Ivánovich con verdadera indignación—. ¿Pero qué es lo que dice? —es auténticamente desagradable, pero hay que reconocer que Nikanor Ivánovich era un tipo bastante basto—. Está prohibido entrar donde el difunto. ¿Qué hace usted aqu�
—Siéntese, Nikanor Ivánovich —decÃa sin el menor azoramiento el ciudadano. Y se puso a trajinar de aquà para allá, intentando acomodar al presidente en un sillón. Nikanor Ivánovich, completamente enfurecido, rechazó el sillón.
—¡Que quién es usted, estoy diciendo!
—Permita que me presente, soy el intérprete de una personalidad extranjera que reside en este apartamento —dijo el llamado Koróviev, dando un taconazo con una bota rojiza y sucia.