El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Nikanor Ivánovich abrió la boca de asombro. La presencia allà de un extranjero y de su intérprete no era para menos. Pidió al intérprete que explicara su situación, lo que éste hizo gustosÃsimo. El director del Varietés, Stepan Bogdánovich Lijodéyev, habÃa tenido la amabilidad de invitar al artista extranjero, señor Voland, a que residiera en su casa durante los dÃas que estuviera en Moscú para actuar, una semana aproximadamente. Sobre esto, Lijodéyev habÃa escrito a Nikanor Ivánovich el dÃa anterior pidiéndole que inscribiera al extranjero en el registro provisional, mientras él, Lijodéyev, estuviera en Yalta.
—Pues no me ha escrito nada —dijo el presidente sorprendido.
—Mire en su cartera, Nikanor Ivánovich —propuso Koróviev con dulzura.
Encogiéndose de hombros, Nikanor Ivánovich abrió la cartera y descubrió la carta de Lijodéyev.
—¿Pero cómo es posible que lo olvidara? —balbuceaba Nikanor Ivánovich, completamente desconcertado.
—¡Eso pasa a menudo, Nikanor Ivánovich! —cotorreaba Koróviev—. Una distracción, un despiste, agotamiento, tensión alta, querido Nikanor Ivánovich. SÃ, eso es cosa corriente. Yo soy más despistado que nadie. Ya le contaré cosas de mi vida otro dÃa, cuando tomemos una copa, le aseguro que se partirá de risa.
—¿Y cuándo se va Lijodéyev a Yalta?