El Maestro y Margarita

El Maestro y Margarita

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—Que hay algo que no está claro, lo notaría hasta un niño. Se trata, desde luego, de una persona extraordinaria y cien por cien misteriosa. Pero ¡ahí está lo más interesante!, ha conocido personalmente a Poncio Pilatos, ¿qué pueden pedir? En vez de armar todo aquel lío en los «Estanques», tenía que haberle preguntado muy finamente qué había pasado con Pilatos y ese detenido Ga-Nozri. ¡Y yo que estuve haciendo tanta tontería!… ¡Como si fuera tan grave el atropello del jefe de redacción! ¡Ni que se fuera a cerrar la revista! ¿Se puede hacer algo? El hombre es mortal, y, como acertadamente se dijo, es mortal de repente. Bueno, que en paz descanse. Pondrán a otro jefe de redacción que incluso puede que sea más elocuente que el anterior.

Después de dormitar un poco, el nuevo Iván preguntó con sorna al viejo Iván:

—Bueno, y yo ¿quién soy?

—¡Un imbécil! —se oyó claramente una voz grave que no pertenecía a ninguno de los dos Ivanes y que se parecía mucho a la voz del consejero.

Iván no se ofendió al oír aquel insulto; al contrario, fue para él una agradable sorpresa; sonrió medio dormido, calmado ya. Se le acercaba el sueño lentamente y le parecía ver una palmera en una pata de elefante, y el gato que se paseaba junto a él, pero no aquel gato espantoso, sino uno muy divertido. En resumen: el sueño le envolvía.


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