El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita No es difícil adivinar que el gordo de cara congestionada que instalaron en la habitación número 119 del sanatorio era Nikanor Ivánovich Bosói.
Pero no entró en seguida en los dominios del profesor Stravinski, primero había estado en otro sitio. En la memoria de Nikanor Ivánovich habían quedado muy pocos recuerdos de aquel lugar. Se acordaba de un escritorio, un armario y un sofá.
Allí Nikanor Ivánovich, con la vista turbia por el aflujo de la sangre y la excitación, tuvo que sostener una conversación muy extraña, confusa, o mejor dicho, no hubo tal conversación.
La primera pregunta que le hicieron fue:
—¿Es usted Nikanor Ivánovich Bosói, presidente de la Comunidad de Vecinos del inmueble número 302 bis en la Sadóvaya?
Antes de contestar, el interpelado soltó una terrible carcajada. La respuesta fue literalmente lo siguiente:
—¡Sí, soy Nikanor, claro que soy Nikanor! ¿Pero qué presidente ni qué nada?
—¿Cómo es eso? —le preguntaron, entornando los ojos.