El Maestro y Margarita

El Maestro y Margarita

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—Serguéi Gerárdovich —le dijo el presentador—, usted lleva aquí más de mes y medio ya y se niega obstinadamente a entregar las divisas que le quedan, mientras el país las necesita y a usted no le sirven de nada. A pesar de todo no quiere ceder. Usted es un hombre cultivado, me comprende perfectamente y no quiere ayudarme.

—Lo siento mucho, pero no puedo hacer nada porque ya no me quedan divisas —contestó Dúnchil tranquilamente.

—¿Y tampoco tiene brillantes? —preguntó el actor.

—Tampoco.

El actor se quedó cabizbajo y pensativo, luego dio una palmada. De entre bastidores salió al escenario una dama de edad, vestida a la moda, es decir, llevaba un abrigo sin cuello y un sombrerito minúsculo. La dama parecía preocupada. Dúnchil la miró sin inmutarse.

—¿Quién es esta señora? —preguntó el presentador a Dúnchil.

—Es mi mujer —contestó éste con dignidad, y miró con cierta repugnancia el cuello largo de la señora.

—La hemos molestado, madame Dúnchil —se dirigió a la dama el presentador—, por la siguiente razón: queremos preguntarle si su esposo tiene todavía divisas.


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