El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita El médico no tardó en tranquilizar a todos los soliviantados y pronto se durmieron. El último en dormirse fue Iván, que lo hizo ya cuando el río empezó a clarear. Le llegó la calma como si se fuera acercando una ola y le fuera cubriendo, a medida que el medicamento le iba llegando a todo el cuerpo. Se le hizo éste más ligero y la brisa suave del sueño le refrescaba la cabeza. Se durmió oyendo el cantar matinal de los pájaros en el bosque. Pronto se callaron. Iván empezó a soñar con el sol que descendía sobre el monte Calvario, que estaba cerrado por un doble cerco…